Participé en el curso de Tai-Chi de fin de semana casi por los pelos, porque no había ya plazas libres cuando me interesé y gracias a una cancelación pude entrar en el grupo a última hora (es sólo de diez personas máximo). Y mereció la pena el cambio de planes, eso está claro; sentir el cuerpo, las montañas alpujarreñas, el Chi fluyendo y las ganas de vivir sintiéndose pleno. Steve estuvo estupendo y supo llevar el grupo que tenía a gente de todos los niveles, con maestría. Al recibir una terapia neuromucular sentí que se me reajustaba el cuerpo mientras soltaba una cantidad tremenda de estrés acumulado, un gusto, vamos.
Aug 042011


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